Fuente de la Mota. Estructuras excavadas

Durante las sucesivas campañas de trabajos arqueológicos se han sacado a la luz los restos de una importante ciudadela ibera fortificada, cuya superficie amurallada tiene aproximadamente una hectárea de extensión, en la que, según un primer cálculo muy superficial, podrían haber vivido unas 250 personas. Su urbanismo, con calles y plazuelas, viviendas, talleres, almacenes y sus fortificaciones -foso doble tallado en la roca, muralla, torre cuadrangular y torreón rectangular- fueron planificados ya en el siglo V a.C.

Vista hacia el Norte de plaza principal de la ciudadela, situada junto a la puerta de la muralla.

La fortificación: el doble foso

Delante del lienzo Norte de la muralla se talló en la roca un doble foso seco, con una superficie de unos 800 m2, con una sección y una profundidad aún no bien definidos, del que se debieron extraer unos 3.200 m3 de piedra. Sobre el posterior relleno del foso se conservan algunos restos de muros correspondientes a  las fases más recientes de ocupación del yacimiento. El suelo actual del foso debe estar unos dos metros por encima del suelo original del mismo. La roca caliza extraída fue retallada en sillares y piedras,  empleados para la construccíón de la muralla, torre y casas de la ciudadela.


Vista del foso doble desde lo alto de la muralla.

Vista del foso desde su extremo occidental hacia el Este.

Vista del foso más próximo a la muralla hacia el Este.

Trabajos de mantenimiento en el foso.


La fortificación: la muralla y la gran torre

Reconsturción del foso, rampa, muralla y gran torre cuadrangular, por A. Suárez Yubero.

En los lados Norte y Este de la ciudadela, se construyó una gran muralla. Esta muralla tiene unos 100 metros de longitud -es más ancha en el lado Norte que en el Este-, y tuvo más de 4 metros de altura. La muralla está construida con la piedra que se iba extrayendo mientras se tallaba el foso seco existente ante ella. Consta de un muro central y dos plataformas, una exterior y otra interior, que refuerzan la construcción.

Vista hacia el Este de un sector de la muralla y del doble foso.

Cara interna de la muralla en el fondo de una de las casas adosadas a la misma.

Vista parcial de la zona de giro de la muralla, con el arranque de la gran torre cuadrangular a la derecha de la imagen.

En el ángulo en el que la muralla gira alejándose del foso en dirección a la puerta principal, se construyó una gran torre cuadrangular con buena sillería en el exterior y un relleno de piedra y tierra en el interior. En los sillares de las fachadas de la torre se ven claramente las huellas de los cinceles de los canteros, creando un buscado efecto óptico de luces y sombras, a los largo de las horas del día.

Vista hacia el Este de la gran torre cuadrangular desde lo alto de la muralla.

Vista de la gran torre cuadrangular desde el camino de acceso a la ciudadela.

Huellas de los cinceles iberos en los sillares de la muralla, a la altura de la puerta de acceso a la ciudadela.

En el extremo oeste del lado Norte de la muralla, el más cercano a Barchín del Hoyo, la muralla tiene menos anchura y remata en un torreón rectangular ataludado, hecho con una cantería de mejor calidad que la de la gran torre cuadrangular.

Vista aérea del torreón rectangular del extremo de la muralla.


Vista hacia el Oeste del torreón rectangular.

En la cara interna del torreón hay una escalera que permitía llegar a su cima. Está torreón en origen estuvo separado del resto de la muralla por un paso, que facilitaba la salida de determinadas personas desde el interior de la ciudadela hasta la plataforma exterior de la muralla. Cuando ese paso no tiene sentido de ser, se tapia, así como el espacio en el que estaba el arranque de la escalera del torreón, que se rellenan con piedras y tierra.

Vista hacia el Oeste, de la escalera de aceso a la cima del torreón rectangular de la muralla.

La muralla, la gran torre y el torreón, han sido objeto de un tratamiento de restauración y un parcial recrecido en determinados puntos.

Por los lados Oeste y Sur no parece que existiera tal fortificación ante el resalte rocoso y fuerte desnivel existentes.

Las dimensiones de las fortificaciones, foso doble, muralla y torre, ocupan el 25% de la superficie del yacimiento, y debieron impresionar a todos los visitantes que llegaban a la ciudadela.


La fortificación: la puerta principal de la ciudadela

Para que los carros puedieran acceder al interior del asentamiento, y salir del mismo, fue preciso que los iberos construyeran una rampa de tierra, sujeta con muros de piedras a cada lado, delante de la torre cuadrangular a la altura del foso.

Detalle de la rampa de acceso, vista hacia la puerta de la muralla.

Justo cuando finaliza la rampa y aflora la roca madre, se ven ella las primeras rodadas de carro.

Siguiendo el camino hacia el interior de la población, pasada la torre y junto a la zona de paso, se ven tres pequeños hoyos tallados en la roca, de los que se desconoce su cronología y función.

Vista de los tres hoyos tallados en la roca situados junto a la muralla y antes de llegar a la puerta de la misma.

La puerta de ciudadela se sitúa en el punto más alejado por el que se llegaba a la misma. En su camino de acceso y en su suelo hay profundas rodadas realizadas por los carros cargados de mercancías,  que entraban y salían del asentamiento. En el suelo también se aprecian reparaciones ibéricas del solado.

Vista de la muralla en su giro hacia la puerta, situada a la izquierda de la imagen.


Vista de la puerta de la muralla hacia el interior. A la dereha de la imgen se ven las rodadas de los carros, mientras que la izquierda se ve la fosa de cimentación del lateral de la muralla en la puerta.

El vano de la puerta se cerraba con dos hojas de madera.Esta puerta pricipal está orientada a la salida del Sol y la esquina contigua de la muralla es redondeada y no en ángulo, quizás para facilitar el tránsito de los carros.

Vista hacia el Este de la puerta de la muralla desde el interior de la ciudadela.

La ciudadela

Junto a la entrada principal del poblado se abre una plazuela de planta irregular de la que parten, al menos, tres calles. La principal sería la central que cruza el asentamiento en diagonal y está orientada la puesta de Sol en pleno verano.

Vista del ocasso desde la calle prinicpal de la ciudadela en el barrio de los silos.

La calle de la derecha según se entra al asentamiento es la mejor conocida, se dirige al Norte, para dar acceso a las estancias adosadas al lienzo Este de la muralla. Su anchura disminuye según se avanza en la misma, en relación con la disminución del número de transeúntes en ese extremo. Además, cada fachada de cada casa de esa manzana adosada a la muralla, se retranquea un poco en relación con la anterior en dirección al final de la calle.

Vista desde lo alto de la muralla del barrio de casas adosdas a la muralla junto a la puerta de la misma. A la derecha de la imagen se ve la calle por la que se accede a las mismas.

Esas edificaciones tienen planta rectangular, con paredes hechas con zócalos de piedra, paredes con alzados de adobes y techos y tejados con vigas de madera y ramas. El espacio interior divide con  tabiques, que seguramente soportaron una planta superior, pues su anchura es considerable y además, en una de las casas se conserva el arranque de una escalera.

Vista hacia el Este de una de las casas adosadas a la muralla, justo donde gira la muralla hacia la puerta.

Vista de una de las casas adosadas a la muralla junto a la puerta de la misma. En primer plano restos de un horno de tostado de cereal.

Restos de un horno para el tostado de cereral. Fotografía de Cristina Peña Ruiz

En el interior de aquellos espacios se transformaron materias y se molieron cereales, a juzgar por la presencia de un horno y del elevado número molinos circulares existentes en las mismas. Estos molinos están tallados en diferentes rocas, destacando conglomerados, areniscas y una roca volcánica poroso, pesada y de color negruzco, quizás procedente de la provincia de Ciudad Real.

Detalle de uno de los molinos recuperados en las excavaciones del barrio de casas adosadas a la muralla.

Un sector del área central del interior del poblado ha sido excavado, proporcionando el extremo de una manzana parcialmente excavada, con estancias -de diferentes plantas y dimensiones- de suelos de tierra y roca, en que se tallaron unos 40 silos.

Plano realizado en 1989 del sector central de la ciudadela, con la habitación triangular y todos llos silos excavdos en el mismo. La calle prinicpal se sitúa en la parte superior del plano (Sierra, 2002).


Vista del sector central de la ciudadela, en la parte inferior de la imgen la calle principal.

Estos silos son de planta circular y  tienen unas dimensiones medias de unos 0.90 metros  de diámetro y una profundidad de unos 0,90 metros, su funcionalidad más probable fue la de almacenar productos sólidos (granos de cereal -trigo, ceballa, yeros-, u otros frutos como bellotas, etc.). La abundancia de silos en el interior del poblado ibero es un hecho bastante excepcional.

Vista del silo 14, vaciado para su muselización.

Sección y planta del silo 14 (Según Sierra, 2002: 114).

De entre todas las estancias destaca una por su singularidad, pues es de planta triangular, su funcionalidad aún no está bien definida, ¿un pequeño santuario?. En el Cerro de las Cabezas (Valdepeñas, Ciudad Real), se excavó una estancia triangular, allí se trata de uno de los santuarios de la ciudad, pues en el interior se conservan tres betilos de piedra hincados en el suelo.

 

Vista de la habitación triangular desde la calle.